Éstas piscinas no son otras que las inmensas balsas de fosfoyesos que se encuentran a escasos metros del casco urbano de la capital onubense y donde hace dos meses Greenpeace hizo una medición de los niveles de radiactividad demostrando que éstos eran 29 veces superior a lo permitido.

Para darse cuenta de la magnitud de las “piscinas” no hay más observar la imagen superior en la que se puede comparar con la dimensión del estadio de fútbol del viejo Colombino que se encuentra en la parte izquierda.

En estos días en los que muchos tienen la vista puesta en las elecciones, estaría bien recordar la pasividad y la insignificante voluntad por parte del alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez, de resolver esta cuestión.

Deseo con fervor que los onubenses se conciencien de verdad y se movilicen para luchar contra este gravísimo problema medioambiental y de salud pública. El primer paso: alejar del ayuntamiento a este alcalde, uno de los que más cobra del estado, y que además, nada hace para disminuir los niveles de contaminación y radiactividad en Huelva.