La radio alemana DW-WORLD, con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil, ha entrevistado a Leonardo Boff, uno de los representantes más significativos de la Teología de la Liberación. A continuación os proponemos que leáis parte de dicha entrevista:
¿Qué le espera al Papa en Brasil? ¿En qué situación se encuentra la Iglesia en el 'país católico más grande del mundo'?
La Iglesia en Brasil se enfrenta a grandes retos. En primer lugar el desafío social: todavía hay más de 40 millones de personas que pasan hambre, que viven al margen de la sociedad. Además ha estallado la alarma ecológica. Los negocios agrarios, las enormes plantaciones de soja, las granjas de ganado bovino… Todo eso está destruyendo la selva. Tanto el pueblo como la Iglesia han ido concienciándose paulatinamente de que eso no puede continuar así. El problema mundial del calentamiento de la Tierra acarrea consecuencias nocivas para nosotros. Las cosechas se reducen, las temperaturas aumentan, en el noroeste reina la sequía, en el sur las inundaciones… De todo esto se puede deducir que algo no marcha bien en el planeta. Y que nosotros somos responsables de ello. Esperamos que el Papa aborde este tema y anime a la Iglesia a tratarlo en la Pastoral.
Joseph Ratzinger visitó Brasil por primera vez en 1985, poco después de que hiciera callar al país como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta vez, la Teología de la Liberación no aparece en el orden del día. ¿Ya dejado de ser un tema de actualidad?
La Teología de la Liberación es importante en todas las Diócesis e Iglesias, en las que la cuestión de la justicia desempeñe un papel central. Allí es la Teología de la Liberación el punto de orientación. Lo primordial es que esta teoría sigue estando presente y viva, aunque no tan visible como antes, cuando aún era polémica. El Foro Social Mundial de Porto Alegre y el de Nairobi, celebrado este año, versó sobre la Teología de la Liberación y acudieron más de 300 representantes religiosos de todo el mundo. Estos son muestra de que esta teología sigue estando viva y de actualidad.
Ratzinger rechaza en su libro 'Jesús de Nazaret' al 'Jesús político' y a la 'Iglesia politizada'.¿Cree que con ello también intenta disuadir a los católicos latinoamericanos activos políticamente?
Lo queramos o no, la vida de Jesús tuvo dimensiones políticas. Fue crucificado a causa de sus actividades, de su posicionamiento frente a la pobreza y frente a las corrientes religiosas de su tiempo. De ahí que su vida tuviese una dimensión política irrebatible. Todo aquel que no quiera aceptarla no ve al Jesús histórico y mitifica la figura de Jesucristo.
¿Sobre qué debería hablar el Papa durante su reunión con Lula, el presidente brasileño?
Es importante mencionar que algunos ministros de Lula creen en la Teología de la Liberación y lo admiten públicamente. América Latina es el continente más dispar del mundo; incluso Africa, que es más pobre, no es tan desigual. Por eso, si el Papa no trata esta cuestión, deja algo muy importante de lado. Espero que preste un oído para escuchar a estos desdichados.
Debería tratarse de un viaje tanto pastoral como político. Uno de los mayores problemas de la Iglesia latinoamericana, sobre todo en Brasil, es la pérdida de adeptos y el crecimiento de la Iglesia Evangélica del Pentecostés.
¿Cómo reacciona la Iglesia de Roma ante esto?
Roma ha desatado la alarma, porque en Brasil un 1% de los católicos se unen a la Iglesia Evangélica cada año. Yo, personalmente, creo que la misma Iglesia Católica es responsable, ya que su estructura es demasiado jerárquica. La innovación litúrgica está prohibida. Las estrategias nuevas para acceder a la población están muy controladas. La doctrina está dogmatizada. Todo esto lleva a muchos católicos a no sentirse a gusto y, por lo tanto, a buscar una expresión de la fe más accesible. Pero nosotros sólo contamos en Brasil con casi 18.000 curas, y la mayoría de ellos son extranjeros. Desde un punto de vista institucional la Iglesia brasileña es una catástrofe. La única manera de mantener a nuestros fieles es abriéndonos al pueblo, a las comunidades de base, a los laicos, que también podrían adquirir responsabilidades.
¿Qué opina usted del reproche que se le hace a la Teología de la Liberación de ser en parte responsable del abandono de la Iglesia Católica, por centrarse más en la política que en los problemas espirituales?
Ese es el discurso de los enemigos de la Teología de la Liberación. La mayoría de ellos no han leído nunca ni una línea a cerca de ésta. Las estadísticas muestran que allí donde se aplica esta teología los católicos permanecen fieles a la Iglesia. Allí donde las comunidades de base están prohibidas, como en Río de Janeiro, la Iglesia Evangélica ha crecido notablemente. La Teología de la Liberación no hace sólo política. Los únicos teólogos que escriben sobre la espiritualidad, la oración, la contemplación, etc. somos nosotros, los teólogos de la liberación.
¿Puede que el primer santo brasileño consiga ganar adeptos, como muchos obispos esperan que ocurra?
Yo creo que se trata más de un cristianismo de devoción, que se ve respaldado a través del padre Galvao. Pero lo que necesitamos es más un cristianismo comprometido que aclare que, además de las demandas religiosas, la Iglesia también tiene un cometido histórico, que la Iglesia tiene una misión que cumplir dentro de la sociedad. Ha de ayudar a los otros poderes a acabar con la pobreza, a hacer que las desigualdades no sean tan escandalosas. Desde este punto de vista, necesitamos otros personajes que expandan mejor el mensaje.
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